música para camaleones

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música para camaleones

reflexiones acerca de música popular, música no tan popular;
música popular

  • LCD Soundsystem. La crisis y el baile.

     

    LCD Soundsystem terminó convirtiéndose en la banda más importante de la década que recién concluye. Adorada unánimemente por los críticos, pasó en tiempo récord de grata revelación, a grupo de moda y finalmente a definitiva banda de culto. Se retiraron en la cima, con una serie de conciertos  en mayo en el Madison Square Garden; desde entonces han corrido ríos de tinta acerca de su trascendencia. A continuación algunas reflexiones sobre las razones de su éxito.

     

    UNO. En estos tiempos de consumismo, de instantánea satisfacción, la única habilidad heroica es la velocidad: todos nos creemos Rimbaud.  ¿Ya tienes veintiocho años y lo único que haces es trabajar en un banco? ¿estás soltero? ¿no te da vergüenza? : ¡ a esa edad Sid Vicious  no solo ya había matado a su esposa sino que llevaba seis años muerto por sobredosis!  La vergüenza de envejecer nunca fue tan grande y es nuestra neurosis más extendida. James Murphy es el  Kurt Cobain  de nuestra generación, es decir de los que ya hace ratos no oímos a Nirvana. Y nos plantea una visión posmoderna  -pero descarada y valiente- de la pérdida de la juventud y el vacío que esto nos genera. El “This is happening” abre reconociendo que estamos en el fin de una era :  So go and dance yourself clean!  Youre blowing marxism into pieces!

    La crisis de los treinta es la verdadera crisis. ¿qué propone Murphy? Bailar.   Los 30 son los nuevos 20. No es verdad, pero en el torbellino de la fiesta podría parecerlo.

    DOS y TRES

     Creo que a todo el mundo le hace gracia que en realidad sea posible hacer música electrónica en clave de punk o rock and roll. No una fusión; cualquier hombre bien intencionado es ya alérgico a fusiones después de esperpentos tipo nu metal o world music. No, lo que nos emociona de LCD es que nos da lo que íntimamente siempre hemos querido:   guitarras, insolencia, la  inmediatez del rock o del punk, pero sin dejar de lado la farra, el derroche, la noche, los sonidos. En una palabra, a todos los que les gusta el rock también les gustaría bailar. Cuando uno se está acercando a los treintas, se ha ganado todo el derecho de bailar, y de bailar sin complejos, como sea.  Que se vayan a la mierda los profesionales de la salsa, cimbreándose en sus mugrosas discotecas.

     Por algún razón la electrónica estaba confinada a las raves, a lo masivo, a lo amplio a lo multitudinario. El punk rock, el indie, a el “garage”  los locales pequeños, a las salas de apartamentos repletas de ruido, humo y de gente pasándola bien. (Bono, Chris Martin, lo sentimos: no creemos en el rock de estadio) ¿Y por qué no podemos hacer una pequeña rave? ¿Por qué no puede tocar Daft Punk en mi sala, como lo harían The Ramones ? Así, se une lo mejor de dos mundos: la adrenalina del directo y la resistencia de lo que no se acaba, de lo que no se quiere que acabe.

     

    CUATRO  James Murphy es un tipo que  se ha dedicado a la búsqueda de lo cool como si fuera el santo Grial o la fuente de la eterna juventud. Sí, de esa palabrita. Habría que agradecerle a músicos como él esa actitud tan honesta, especialmente honesta consigo mismos. La música no nos puede salvar. La música popular, ciertamente menos.  A veces ni siquiera nos puede cambiar la vida, nuestras tristes vidas.  Pero desde esa perspectiva frívola,  una búsqueda de lo cool  puede resultar muy fructífera, escarbando en décadas enteras de discos, vinilos, cds, ¡cassetes!, robando por aquí y por allá el tono exacto, la inflexión de voz perfecta, la percusión justa. Y  esta búsqueda es aún mas asombrosa, cuando terminas dándote cuenta ,como un arquero zen, que  a tus cuarenta años te has convertido en el epítome de lo cool de New York y por ende de todo el planeta. Desde esas alturas un tipo gordo puede ver el mundo con cierta condescendencia y cierto asombro.

     

    CINCO. Nos hace recordar y nos hace sentir la música  popular como una tradición, como una lucha subterránea de artistas efímeros, de gente enloquecida, de farsantes e iluminados.  También de una tradición newyorkina. Digamos que con The Velvet Underground empieza el rock moderno. Si Lou Reed y su pandilla eran poetas del ruido,  el LCD de Murphy son poetas del baile. El proto punk, New york Dolls, Iggy Pop -y  sus amoríos con Bowie- , Pattie Smith, Blondie, The talking heads, the Ramones.  Toda una corriente de aversión a lo falso, a el hippismo y  a los solos de diez minutos.  Así va mutando, pero conserva su esencia:  los himnos guitarreros eufóricos y en el fondo tristes de The Strokes, son suplantados por los electrónicos.  Del  “Is This it?” al “This is happening”. Del estupor a la satisfecha resignación.

     

    SEIS. Es un tipo lúcido capaz de reírse de si mismo.  Conoce tanto la música que después de todo, tampoco quiere tomársela tan  en serio. Su respuesta cuando le preguntaron porque se quería retirar no tiene desperdicio. “I’m 41. I think it gets embarrassing” Y cuando le preguntan que planes tiene para el futuro : “Theres a lot of things i want to do. I like making coffee.” Es difícil no querer a este tipo.

    Tagged: critica electronica escritos lcd music musica musicaparacamaleones vanguardias lcd soundsystem

    Posted on September 11, 2011 with 3 notes

  • Joe Crepúsculo ¿Dónde va a parar… toda esta energía?



    El pop de Joe Crepúsculo es sugerente, ambiguo, personal. La última sensación barcelonesa, hace música que parecería a priori inaccesible, pero que a la segunda o tercera oída,  resulta completamente disfrutable: sus canciones son auténticas joyas del pop. Se nos antoja un español oscuro y triste,-  con un pasado más bien oscuro y triste y rodeado por lo general de cosas y relaciones no menos oscuras y tristes- tomando el sol, buscando el sol, el mar. ¿Por qué no? La playa. En tiempos en que el pop de Madonna o Britney Spears – por poner un par de ejemplos- son descaradamente juguetes sexuales, prácticamente  dildos muy vistosos y enérgicos,  JC nos  entrega placeres más íntimos y mucho más musicales. Todo con una cobertura poco vistosa, claro está – Joe Crepúsculo canta adrede (¿?) como si fuera un zombie con enfisema pulmonar o una especie de monstruo bondadoso. Tampoco parece molestarle exhibir su sobrepeso-  Nos entrega así, como por descuido, un pop contundente, que no se queda solamente en un vano intento de profundidad hablandonos de vacío existencial, sino que, dando ese vacío por sentado, hablarnos de amor y de la banda sonora de ese amor en estos tiempos de democracia, la música popular.
    Lo que es, en puridad, electro pop: sintetizadores, bases programadas, estribillos pegajosos, algunos melódicos riffs de guitarra acústica o eléctrica y  letras, por ratos, de una simplicidad desarmante, como en “Caja de lluvia”: “Cada vez que intento expresarme, no encuentro nunca la expresión: Por eso te digo que te amo en esta canción”.
    Pero las palabras no siempre estorban: “Los cobardes mueren antes de tiempo, los valientes murieron antes de ayer/ A veces pienso en perderte, también a veces pienso en volver”. No pontifica, apenas nos sugiere en “Baraja de cuchillos” , también parte de su logrado y muy recomendable álbum Supercrepus.
    Considerado en 2008 el mejor disco español del año por la prestigiosa revista Rockdeluxe, Supercrepus es sin pudor, una colección de extrañas canciones de amor. Fórmula que perfeccionando, parece querer convertir en su sello. El primer sencillo de su disco Chill Out (diciembre 2009), conserva esa ambigüedad, aún cuando no habla tanto de la imposibilidad del amor, como de lo desconcertante de esa imposibilidad.  “Dispuesto a  creer que aún se puede volar / Yo estaré  donde esté y tú sabes donde encontrarme / Que raro pensar que lo que siento por ti, se desvanece y no volverá jamás / Yo quiero saber ¿donde va a parar…toda esta energía?”
    No parece que Joe Crepúsculo se haya propuesto desmitificar o parodiar el pop, al contrario, mas bien parece querer reinventarlo como una aventura quizás épica, personalísima  y si se puede y el oyente quiere, conmovedora.
    En la bellísima “El día de las medusas¨  su coro nos sentencia;  “No hay más aquí, por eso déjate llevar , déjate llevar,  por estas olas de paz”, sin que su carrasposa voz nos lleve directamente a  los naturales  terrenos de la cursilería. “Cuando veas un estanque con las aguas de cristal, déjate llevar / Y si las corrientes son certeras, que muchas de ellas lo son, van al mar”  Nos dejamos llevar.

    Tagged: indie pop rock españa musica musicaparacamaleones escritos critica joe crepusculo

    Posted on September 11, 2011

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