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La canalla sentimental y la calle 13
En la televisión un video de Ricky Martin. Tu = yo. Luego La loba de Shakira. Los dos los dejamos pasar sin mayor comentario. Pero luego apareció un video de calle13 y S. me preguntó qué opinaba sobre la gente que posteaba frases de calle 13 en un aparente deseo de protesta o reivindicación de causas sociales. Que qué pensaba de determinado dj de determinada radio que considera a calle 13 una banda de culto. Quiero dejar aquí mi opinión sobre estos comediantes de calle 13. Primero, mencionar de pasada que ni sus letras son ocurrentes, ni son graciosas, ni son divertidas, ni dicen absolutamente nada que no sea una sarta de clichés para la canalla sentimental. Pero lo verdaderamente imperdonable, es que nunca se había sido tan demagogo de una manera tan burda y barata. Está bien que sea la banda favorita del algún chavista cerca de la frontera con Colombia. Incluso de algún reggaetonero con inquietudes sociales en Nicaragua, algún incondicional de Ortega, de los que están dispuestos a irse a la guerra contra los ticos por una islita ignota. Pero este alboroto general es incomprensible, un poco como la algarabía y la feroz alegría del público en una pelea de gallinas.
Aparte de intrascendente, la música de calle 13 sobre todas las cosas NO es rebelde. Que ingenuidad rayana en la estupidez considerar rebelde a este comediante. Vestirse de monja y después desnudarse, esa es la concepción de rebeldía de este inquieto muchacho con iniciativa y micrófono. Burlarse de las monjitas – ¿qué puede ser más fácil? – es tan fácil que da lástima, ¿qué va a hacer después?, ¿quitarles los bastones a los ciegos? Luego opta por desnudarse ¿qué puede ser más cliché, que puede ser señal de menor imaginación? Desde hace décadas aburren las noticias de fotografías colectivas de miles de personas desnudas al aire libre; las playas nudistas son lugares populares donde se desnudan hippies avejentados desde hace 50 años, y pese a todo esto este tipo cree que un video con gente desnuda –por supuesto con cuadritos tapando las partes pudientes, pero aunque no hubiesen- es el non plus ultra de lo políticamente incorrecto. ¿Se puede tener una mentalidad mas católica? Ese es del tipo de acción que le parece increíblemente rebelde a una legionaria de cristo, pero a alguien que no ha vivido recluido en un convento laico, debería entenderlo como una bufonada.

Que los políticos sean demagogos, bueno, ya es un mal, que la política degenere en un show barato, es algo lamentable. Pero que el show barato se haga pasar por reivindicación social ya me parece excesivo. Es otra vuelta de tuerca.
Por favor, dejen de identificarse con el pueblo, oyendo a calle 13.
Que frase más surrealista, pero es un fenómeno real, “Calma pueblo que aquí estoy yo”, es una línea muy desubicada: el pueblo lo que menos necesita es a un reggetonero patán, que ciertamente se hace millonario mientras el pueblo se calma o más bien se excita escuchándolo. Chávez, Maradona y este tipo, son los nuevos referentes sociales de Latinoamérica: es para llorar. Un militar billonario, un cocainómano multimillonario que jugó futbol, el millonario cantante de “Atrevete”, himno social e inspirador como pocos. Una revolución de cocaína, payasadas y una que otra mala palabra. Puta, como si decir una mala palabra no estuviera al alcance de cualquiera.
La revolución sí se televisará, Guy Debord.
Socialismo Y barbarie. Nada es excluyente.
“Por que yo soy como tú y tu eres como yo” Otra vez el tu= yo de Ricky Martin, resulta de lo más previsible, la demagogia del espectáculo. Para Ricky Martin todos somos homosexuales reprimidos. Por cierto, ¿por qué están tan felices los gays con él? ¿No les parece ofensivo que los haya negado por tantos años solo para hacer dinero? Por lo visto no les parece denigrante que haya abjurado del colectivo gay por tanto tiempo, que se rodeara de mujeres en sus videos y en la vida real, que los haya negado innumerables veces en entrevistas ante preguntas directas y que hiciera todo esto con el único propósito de vender discos a una mayoría heterosexual ¿Eso les parece muy ético y valiente y moral? Ahora resulta que es un paladín de los derechos civiles.
Bueno, pero yo soy como tú y tu eres como yo, dice el tipo de calle 13. Todos debemos sentirnos agradecidos por que este tipo diga que uno es como él. Total, que por decreto el pueblo es como él. En el imaginario de calle 13 y sus fanáticos, el pueblo es una masa de chabacanos y maleducados a los que les gusta contonearse y comprar sus discos. En realidad, lo único que tienen en común los seguidores de clase media de calle 13 con el pueblo es escuchar reggaetón, y dedicar buena parte de su presupuesto a un celular. Sin embargo en el imaginario colectivo, el tipo de calle 13, es un luchador social. Bueno que se le puede hacer, en el imaginario colectivo, el Che Guevara y Bob Marley son la misma cosa. Los dos ocupan puestos de posters de bares precarios, los dos simbolizan cierta noción de rebeldía, así que son prácticamente lo mismo. El imaginario es lo que cuenta. Si estiramos un poco, el imaginario equiparía a Kurt Cobain o a Jim Morrison. ¿Por qué no?, total los cuatro se suicidaron, o los cuatro murieron de sobredosis ¿o no? El imaginario es lo que cuenta. No importa que si en la vida real hubiesen estado tan cerca estos personajes, resulte evidente que no se hubiesenllevado nada bien. El Ché mandaría a fusilar a Bob Marley por sus desviaciones pequeño burguesas, además de su inactividad y completa inutilidad para la lucha armada, (¿saben? la marihuana no da muchas ganas de coger un fusil ni de internarse a la montaña, en realidad la marihuana no da ganas de hacer absolutamente nada ) A Cobain, el Ché le parecería el mitómano que fue, pero el Ché lo fusilaría por extranjerizante y elemento perturbador y sobre todo nihilista. Agente de la Cía, como Roque. Jim Morrison, en cambio, los vería a todos con el desprecio y desde la altura con que ven los poetas el mundo, especialmente con el desprecio y la altura con que los poetas drogados ven el mundo y ya embalado por el LSD, haría alguna iniciativa de conquista. Como resultado, el Ché lo enviaría a alguno de los campos de concentración para homosexuales de Fidel Castro. No habría manera que pasaran juntos, pero viven juntos en los bares precarios y sobre todo, cogidos de la mano en el imaginario popular, que es lo que importa. Si los bares de ahora son deplorables, ya no se diga a los que vayan nuestros hijos, con fotos de Chavez y Osama Bin Laden y Bolaño. Y el tipo de la calle 13 porque al final tu eres como yo y yo soy…
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Rita, si tu le das yo le doy
Algunos sostienen que el término rock en español es un mal entendido, que nunca ha existido nada parecido. Que solo se trató de gente que fumaba y gritaba mientras se mojaba. Sin embargo, en los terribles ochentas y los confusos noventas fue no sólo un fenómeno popular, sino que comercial. ¡hubo gente que hizo dinero del rock en español! Y no me refiero solamente a Maná.
Pero su legado, o lo que le sobrevivió fue muy pobre.
En realidad parece que la última banda emocionante fue Molotov . No pensabamos que diríamos esto tan pronto, pero actualmente casi los extrañamos: hace falta sentir que estás escuchando algo real, duro y divertido.
Actualmente, la nada. Bueno, o Calle 13. Calle 13 se ha aprovechado muy rentablemente de esa nostalgia y ha vuelto a poner de moda la rebeldía demagógica, el hiphop con ritmos caribeños y el orgullo por Latinoamérica. Pero nosotros no nos sentimos orgullosos de Calle 13; no nos tragamos su rebeldía impostada, sus letras intrascendentes, sus rimas bobas, su hip hop reciclado , su chabacanería mesiánica.
En cambio si que nos sentimos bien con Rita Indiana , aunque tenga una propuesta en apariencia similar: Rita es reinvindicativa sin clichés, vulgar sin dejar de ser o parecer inteligente o sorpresiva y su música es de una ambición inédita, atreviéndose con inverosímiles mezclas de géneros.
Su disco “El Juidero” es indispensable y se puede bajar en the pirate bay.
Rita Indiana, tiene la energía y el desenfado de Molotov, la cadencia de los Cadillacs, la gracia de Hector Lavoe, la complejidad alegre de la Fania, el humor de Kevin Johansen, y una pose vanguardista que a ella sí se la compro. Merengue electrónico, actitud para comerse el mundo, salsa y cumbia posmo, verdadero punk latinoamericano; una vanguardia popular . Nos hace ver algo que se nos había olvidado: la música latinoamericana es un pozo sin fondo.
Además, es la única música de protesta aceptable en años.
Se supone que de eso se trataba el rock en español.
Rita Indiana tiene treinta años, ha escrito tres libros, es dominicana y ha vivido en New York. Ha construido una banda a la medida de su ambición –y de su locura- con unos tipos desconcertantes que se hacen llamar “Los Misterios”. En su temprana juventud, como todos, hizo drogas, practicó skateboard y fue modelo. Ah, también es lesbiana y mide 1.90.
Canciones recomendables: “Bajito a selva“ que recuerda a el mejor Orishas, pero mas electro y pegajoso, con una procacidad a prueba de balas.
“El blu del ping pong”: tremenda canción para -como suele decirse popularmente- “subir los ánimos”. El punk conoce África. Otra interesante exploración del callejón sin salida del sexo y del lenguaje, “Si tu le das yo le doy”.
“Equeibol” : quizás la mejor del disco, es The Velvet underground tocando salsa. Divertida y entrañable, nos habla con oficio de escritora de su adolescencia en particular y de nuestra alienación como latinoamericanos en general.
“La hora de volver”: Emotiva y extraña canción sobre el exilio latinoamericano y el regreso.
TE GUSTARÁ SI: te gusta la FANIA, la música con actitud, el “rock en español”.
NO TE GUSTARÁ SI: No sopo no sopor no soportas el rap.
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LCD Soundsystem. La crisis y el baile.
LCD Soundsystem terminó convirtiéndose en la banda más importante de la década que recién concluye. Adorada unánimemente por los críticos, pasó en tiempo récord de grata revelación, a grupo de moda y finalmente a definitiva banda de culto. Se retiraron en la cima, con una serie de conciertos en mayo en el Madison Square Garden; desde entonces han corrido ríos de tinta acerca de su trascendencia. A continuación algunas reflexiones sobre las razones de su éxito.
UNO. En estos tiempos de consumismo, de instantánea satisfacción, la única habilidad heroica es la velocidad: todos nos creemos Rimbaud. ¿Ya tienes veintiocho años y lo único que haces es trabajar en un banco? ¿estás soltero? ¿no te da vergüenza? : ¡ a esa edad Sid Vicious no solo ya había matado a su esposa sino que llevaba seis años muerto por sobredosis! La vergüenza de envejecer nunca fue tan grande y es nuestra neurosis más extendida. James Murphy es el Kurt Cobain de nuestra generación, es decir de los que ya hace ratos no oímos a Nirvana. Y nos plantea una visión posmoderna -pero descarada y valiente- de la pérdida de la juventud y el vacío que esto nos genera. El “This is happening” abre reconociendo que estamos en el fin de una era : So go and dance yourself clean! Youre blowing marxism into pieces!
La crisis de los treinta es la verdadera crisis. ¿qué propone Murphy? Bailar. Los 30 son los nuevos 20. No es verdad, pero en el torbellino de la fiesta podría parecerlo.
DOS y TRES
Creo que a todo el mundo le hace gracia que en realidad sea posible hacer música electrónica en clave de punk o rock and roll. No una fusión; cualquier hombre bien intencionado es ya alérgico a fusiones después de esperpentos tipo nu metal o world music. No, lo que nos emociona de LCD es que nos da lo que íntimamente siempre hemos querido: guitarras, insolencia, la inmediatez del rock o del punk, pero sin dejar de lado la farra, el derroche, la noche, los sonidos. En una palabra, a todos los que les gusta el rock también les gustaría bailar. Cuando uno se está acercando a los treintas, se ha ganado todo el derecho de bailar, y de bailar sin complejos, como sea. Que se vayan a la mierda los profesionales de la salsa, cimbreándose en sus mugrosas discotecas.
Por algún razón la electrónica estaba confinada a las raves, a lo masivo, a lo amplio a lo multitudinario. El punk rock, el indie, a el “garage” los locales pequeños, a las salas de apartamentos repletas de ruido, humo y de gente pasándola bien. (Bono, Chris Martin, lo sentimos: no creemos en el rock de estadio) ¿Y por qué no podemos hacer una pequeña rave? ¿Por qué no puede tocar Daft Punk en mi sala, como lo harían The Ramones ? Así, se une lo mejor de dos mundos: la adrenalina del directo y la resistencia de lo que no se acaba, de lo que no se quiere que acabe.
CUATRO James Murphy es un tipo que se ha dedicado a la búsqueda de lo cool como si fuera el santo Grial o la fuente de la eterna juventud. Sí, de esa palabrita. Habría que agradecerle a músicos como él esa actitud tan honesta, especialmente honesta consigo mismos. La música no nos puede salvar. La música popular, ciertamente menos. A veces ni siquiera nos puede cambiar la vida, nuestras tristes vidas. Pero desde esa perspectiva frívola, una búsqueda de lo cool puede resultar muy fructífera, escarbando en décadas enteras de discos, vinilos, cds, ¡cassetes!, robando por aquí y por allá el tono exacto, la inflexión de voz perfecta, la percusión justa. Y esta búsqueda es aún mas asombrosa, cuando terminas dándote cuenta ,como un arquero zen, que a tus cuarenta años te has convertido en el epítome de lo cool de New York y por ende de todo el planeta. Desde esas alturas un tipo gordo puede ver el mundo con cierta condescendencia y cierto asombro.
CINCO. Nos hace recordar y nos hace sentir la música popular como una tradición, como una lucha subterránea de artistas efímeros, de gente enloquecida, de farsantes e iluminados. También de una tradición newyorkina. Digamos que con The Velvet Underground empieza el rock moderno. Si Lou Reed y su pandilla eran poetas del ruido, el LCD de Murphy son poetas del baile. El proto punk, New york Dolls, Iggy Pop -y sus amoríos con Bowie- , Pattie Smith, Blondie, The talking heads, the Ramones. Toda una corriente de aversión a lo falso, a el hippismo y a los solos de diez minutos. Así va mutando, pero conserva su esencia: los himnos guitarreros eufóricos y en el fondo tristes de The Strokes, son suplantados por los electrónicos. Del “Is This it?” al “This is happening”. Del estupor a la satisfecha resignación.
SEIS. Es un tipo lúcido capaz de reírse de si mismo. Conoce tanto la música que después de todo, tampoco quiere tomársela tan en serio. Su respuesta cuando le preguntaron porque se quería retirar no tiene desperdicio. “I’m 41. I think it gets embarrassing” Y cuando le preguntan que planes tiene para el futuro : “Theres a lot of things i want to do. I like making coffee.” Es difícil no querer a este tipo.
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Joe Crepúsculo ¿Dónde va a parar… toda esta energía?
El pop de Joe Crepúsculo es sugerente, ambiguo, personal. La última sensación barcelonesa, hace música que parecería a priori inaccesible, pero que a la segunda o tercera oída, resulta completamente disfrutable: sus canciones son auténticas joyas del pop. Se nos antoja un español oscuro y triste,- con un pasado más bien oscuro y triste y rodeado por lo general de cosas y relaciones no menos oscuras y tristes- tomando el sol, buscando el sol, el mar. ¿Por qué no? La playa. En tiempos en que el pop de Madonna o Britney Spears – por poner un par de ejemplos- son descaradamente juguetes sexuales, prácticamente dildos muy vistosos y enérgicos, JC nos entrega placeres más íntimos y mucho más musicales. Todo con una cobertura poco vistosa, claro está – Joe Crepúsculo canta adrede (¿?) como si fuera un zombie con enfisema pulmonar o una especie de monstruo bondadoso. Tampoco parece molestarle exhibir su sobrepeso- Nos entrega así, como por descuido, un pop contundente, que no se queda solamente en un vano intento de profundidad hablandonos de vacío existencial, sino que, dando ese vacío por sentado, hablarnos de amor y de la banda sonora de ese amor en estos tiempos de democracia, la música popular.
Lo que es, en puridad, electro pop: sintetizadores, bases programadas, estribillos pegajosos, algunos melódicos riffs de guitarra acústica o eléctrica y letras, por ratos, de una simplicidad desarmante, como en “Caja de lluvia”: “Cada vez que intento expresarme, no encuentro nunca la expresión: Por eso te digo que te amo en esta canción”.
Pero las palabras no siempre estorban: “Los cobardes mueren antes de tiempo, los valientes murieron antes de ayer/ A veces pienso en perderte, también a veces pienso en volver”. No pontifica, apenas nos sugiere en “Baraja de cuchillos” , también parte de su logrado y muy recomendable álbum Supercrepus.
Considerado en 2008 el mejor disco español del año por la prestigiosa revista Rockdeluxe, Supercrepus es sin pudor, una colección de extrañas canciones de amor. Fórmula que perfeccionando, parece querer convertir en su sello. El primer sencillo de su disco Chill Out (diciembre 2009), conserva esa ambigüedad, aún cuando no habla tanto de la imposibilidad del amor, como de lo desconcertante de esa imposibilidad. “Dispuesto a creer que aún se puede volar / Yo estaré donde esté y tú sabes donde encontrarme / Que raro pensar que lo que siento por ti, se desvanece y no volverá jamás / Yo quiero saber ¿donde va a parar…toda esta energía?”
No parece que Joe Crepúsculo se haya propuesto desmitificar o parodiar el pop, al contrario, mas bien parece querer reinventarlo como una aventura quizás épica, personalísima y si se puede y el oyente quiere, conmovedora.
En la bellísima “El día de las medusas¨ su coro nos sentencia; “No hay más aquí, por eso déjate llevar , déjate llevar, por estas olas de paz”, sin que su carrasposa voz nos lleve directamente a los naturales terrenos de la cursilería. “Cuando veas un estanque con las aguas de cristal, déjate llevar / Y si las corrientes son certeras, que muchas de ellas lo son, van al mar” Nos dejamos llevar.